lunes, 18 de marzo de 2013

TEMA 2 NORMA Y USO DEL ESPAÑOL EN LOS MEDIOS

1. Cuestiones introductorias

Las lenguas son heterogéneas. Cada uno tenemos unas características propias de utilización del lenguaje. Existen dos tipos de variedades: Diacrónicas (consideradas con respecto al tiempo) y diatópicas (Consideradas respecto al espacio). Dentro de toda la variedad hay usos que se consideran gramáticamente correctos y otros que no. Para analizarlos hay que indagar en una serie de conceptos.

La lengua es un sistema de comunicación verbal y, casi siempre, escrita y lingüístico cuyos habitantes reconocen modelos de buena expresión. Funciona con una estructura determinada. El habla es una variedad dentro de una lengua general. La norma es un conjunto de criterios lingüísticos que regulan el uso considerados correctos. Determinan que construcciones entran dentro del estándar, y se basan en las realizaciones de los hablantes “cultos”. Dentro de la norma se recogen muchas características de diferentes variedades “dialectables”.El estándar es aquella forma de lengua que se impone en un país dado, frente a variedades sociales o locales. La difunden la escuela y los medios de comunicación. Un dialecto es un conjunto de rasgos gramaticales, léxicos y fonéticos que caracterizan a una variedad de una lengua delimitada geográficamente. Una variedad la componen las características que presenta le lengua hablada por una persona o grupo, delimitada en función de diferentes criterios. El español es multicéntrico. Es decir, la valoración social de algunas construcciones puede no coincidir en áreas lingüísticas diferentes.

2. Cuestiones normativas referidas al nombre y a los determinantes

El género es una categoría gramatical, pero no es igual a “sexo”. Los géneros que existen en español son masculino, femenino y neutro (sólo los pronombres neutros). Existen sustantivos con género inherente y sustantivos con moción de género. Hay nombres comunes respecto al género (ej: el/la testigo). En otras ocasiones se utilizan palabras distintas para los diferentes géneros; son los heterónimos (caballo/yegua). Los ambiguos pueden presentarse en masculino y femenino, pero representan al mismo objeto; no cambian (el/la mar). Los epicenos, que se representan en un género independientemente de su carácter sexual (la serpiente macho/hembra). Existen masculinos y femeninos que están asociados a significados diferentes: (leño/leña, cerezo/cereza). Por último, encontramos los paróminos, que han coincidido en su forma casualmente (velo/vela, caso/casa). El nombre femenino es, en la mayoría de ocasiones, homófono del nombre de la ciencia o disciplina (Química, física). En otras, el género femenino adquiere connotaciones despectivas (como socia en el sentido de “persona asociada con otra por un fin” o “sargenta” bajo la definición de “mujer corpulenta, hombruna y de dura condición”. El significado negativo se debe, quizás, a su asociación tradicional del género femenino de profesión con el significado “esposa de”.

En cuanto al número, se puede producir, en el idioma castellano, un cambio de acentuación (régimen/regímenes, carácter/caracteres...), una simple neutralización del acento (perdiz/perdices, pantalón/pantalones...) o una ampliación (Mesa/mesas, árbol/árboles...). En cuanto a latinismos extraídos del lenguaje latino original, se adaptan la estructura del castellano en numerosos casos (Referéndum/referéndums, ultimátum/ultimátums...) mientras que, en otros casos, se mantiene la forma latina (los currículum vitae). Cuando, en cambio, se introducen neologismos y extranjerismos procedentes de otros idiomas, se produce un conflicto entre las normas originales y las del idioma que adopta el término. Todo depende de lo arraigado que se sitúe el término en la lengua que lo adopta. Los más recientes suelen conservar la forma original, mientras que los que han pasado cierto tiempo en el uso de una lengua se han ido adaptando poco a poco.

En el ámbito de los determinantes, hay que ofrecer especial atención a las variaciones. Así, los sustantivos en singular que comienzan por a tónica emplean determinantes como él, algún, un, ningún... (el arma, un arma...). Si se interpone algún adjetivo o construcción entre el determinante y el sustantivo en cuestión, el artículo recupera su carácter femenino (un vieja arma/ una vieja arma). El plural no varía, por lo que sigue siendo de género femenino (las armas). Sin embargo,e xisten algunas excepciones, como la hacha, la a...

Otros fenómenos, dignos de estudio, es la transformación de los pronombres personales de tercera persona en lo que se conoce como laísmo (uso de los pronombres la/las para el objeto indirecto femenino [*A ella la regalaría la luna si me la pidiera*]), leísmo (uso de los pronombres le/les para el objeto directo [*El coche le metí en el garaje*] y loísmo (uso de los pronombres lo/los para el objeto indirecto masculino [*A Paco lo pegaron al salir del bar*]. Hay que tener mucha cuidado a la hora de utilizar los pronombres personales para evitar estos fenómenos tan extendidos y comunes.

3. Cuestiones normativas referidas al verbo y al sintagma verbal.

A la hora de realizar un estudio de la construcción verbal, es necesario centrarse en los casos excepcionales por su no funcionamiento mediante las reglas comunes. Por ejemplo, hallamos el caso del uso de la forma condicional para expresar rumores (“Según numerosas fuentes, el presidente del Gobierno cobraría un sobresueldo en contabilidad B”). Otra forma verbal utilizada mediátiamente más allá de sus funciones principales es el infinitivo fatico o radiofónico, que no depende del verbo principal, y que se usa mucho en medios audiovisuales (“Por último, recordales que mañana emitiremos aquí a la misma hora”.). Hay que expresar especial atención también a los verbos intransitivos que muchas veces son utilizados de forma incorrecto al emplearlos de forma transitiva (cesar, quedar, callar...). Por ejemplo, la forma “A esa mujer no hay quien la calle” sería incorrecta al tratar el verbo callar como una forma transitiva. La oración correcta sería “A esa mujer no hay quien la haga callar”. Sin embargo, existen ciertos verbos que funcionan en varios regímenes correctos, de manera que pueden actuar en las formas anteriormente explicadas. Así, se puede advertir algo, se puede advertir a alguien o se puede advertir algo a alguien, de la misma manera que se puede dudar algo o dudar de algo.

4. Uso de la preposición, el adverbio o la conjunción

Dentro de este marco es necesario e interesante estudiar una serie de fenómenos determinados. Así, podemos indagar en los calcos. Son tipos especiales de préstamos que no imita la entidad fonética material (significante) del modelo extranjero, sino el esquema o construcción morfológica y la significación. Provenientes del gallego (galicismo) son las construcciones “sustantivo + a+ (articulo) + sustantivo”, la secuencia muy utilizada “es por eso que” y similares. Del inglés (anglicismos) adaptamos la utilización temporal de “en” en lugar de “dentro de” y el empleo de “hacia” en lugar de “para con”, “ante” o “con”. Otro fenómeno de interés es el dequeísmo, consistente en la utilización de la forma “de que” en las oraciones subordinadas sustantivas cuando la preposición no está justificada en ellas desde el punto de vista gramatical (“Creo de que..”, “Pienso de que...”). El dequeismo no se suele producir, sin embargo, cuando el complemento es un pronombre o en oraciones interrogativas. También podemos hallar el fenómeno del queismo, que se trata de la supresión indebida de la preposición que precede a la conjunción “que”. Equivaldría al fenómeno contrario al anterior. Sin embargo, no se suele producir cuando el complemento es un pronombre o en oraciones interrogativas. La coordinación es otro de los casos que se dan frecuentemente en el lenguaje mediática. En ocasiones puede componerse por construcciones del mismo régimen preposicional. A veces, en cambio, se unen erróneamente formas que emplean un distinto régimen preposicional, como en el caso de “entrar y salir de” en lugar de “entrar en y salir de”.

Otro asunto de igual importancia a tratar en el lenguaje de los medios son los adverbios locativos (como delante/adelante, fuera/afuera, detrás/atrás). La diferencia entre las parejas de formas expuestas es simple. Adverbios como delante, fuera y detrás indica una posición establecida (“El televisor está delante del sofá”, “El árbol está fuera, en el patio” “El espejo estaba detrás de mí”). Sin embargo, formas como adelante, afuera y atrás indica una serie de movimiento o dirección. (“Me moví para adelante”, “Vuelve atrás”, “Ve afuera”). Los adverbios del primer tipo pueden llevar complementos. La norma recomienda, además, que el complemento no sea sustituido por un posesivo. 

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