Las
lenguas son heterogéneas. Cada uno tenemos unas características
propias de utilización del lenguaje. Existen dos tipos de
variedades: Diacrónicas (consideradas con respecto al tiempo) y
diatópicas (Consideradas respecto al espacio). Dentro de toda la
variedad hay usos que se consideran gramáticamente correctos y otros
que no. Para analizarlos hay que indagar en una serie de conceptos.
La
lengua es un sistema de comunicación verbal y, casi siempre, escrita
y lingüístico cuyos habitantes reconocen modelos de buena
expresión. Funciona con una estructura determinada. El habla es una
variedad dentro de una lengua general. La norma es un conjunto de
criterios lingüísticos que regulan el uso considerados correctos.
Determinan que construcciones entran dentro del estándar, y se basan
en las realizaciones de los hablantes “cultos”. Dentro de la
norma se recogen muchas características de diferentes variedades
“dialectables”.El estándar es aquella forma de lengua que se
impone en un país dado, frente a variedades sociales o locales. La
difunden la escuela y los medios de comunicación. Un dialecto es un
conjunto de rasgos gramaticales, léxicos y fonéticos que
caracterizan a una variedad de una lengua delimitada geográficamente.
Una variedad la componen las características que presenta le lengua
hablada por una persona o grupo, delimitada en función de diferentes
criterios. El español es multicéntrico. Es decir, la valoración
social de algunas construcciones puede no coincidir en áreas
lingüísticas diferentes.
2.
Cuestiones normativas referidas al nombre y a los determinantes
El
género es una categoría gramatical, pero no es igual a “sexo”.
Los géneros que existen en español son masculino, femenino y neutro
(sólo los pronombres neutros). Existen sustantivos con género
inherente y sustantivos con moción de género. Hay nombres comunes
respecto al género (ej: el/la testigo). En otras ocasiones se
utilizan palabras distintas para los diferentes géneros; son los
heterónimos (caballo/yegua). Los ambiguos pueden presentarse en
masculino y femenino, pero representan al mismo objeto; no cambian
(el/la mar). Los epicenos, que se representan en un género
independientemente de su carácter sexual (la serpiente
macho/hembra). Existen masculinos y femeninos que están asociados a
significados diferentes: (leño/leña, cerezo/cereza). Por último,
encontramos los paróminos, que han coincidido en su forma
casualmente (velo/vela, caso/casa). El nombre femenino es, en la
mayoría de ocasiones, homófono del nombre de la ciencia o
disciplina (Química, física). En otras, el género femenino
adquiere connotaciones despectivas (como socia en el sentido de
“persona asociada con otra por un fin” o “sargenta” bajo la
definición de “mujer corpulenta, hombruna y de dura condición”.
El significado negativo se debe, quizás, a su asociación
tradicional del género femenino de profesión con el significado
“esposa de”.
En
cuanto al número, se puede producir, en el idioma castellano, un
cambio de acentuación (régimen/regímenes, carácter/caracteres...),
una simple neutralización del acento (perdiz/perdices,
pantalón/pantalones...) o una ampliación (Mesa/mesas,
árbol/árboles...). En cuanto a latinismos extraídos del lenguaje
latino original, se adaptan la estructura del castellano en numerosos
casos (Referéndum/referéndums, ultimátum/ultimátums...) mientras
que, en otros casos, se mantiene la forma latina (los currículum
vitae). Cuando, en cambio, se introducen neologismos y extranjerismos
procedentes de otros idiomas, se produce un conflicto entre las
normas originales y las del idioma que adopta el término. Todo
depende de lo arraigado que se sitúe el término en la lengua que lo
adopta. Los más recientes suelen conservar la forma original,
mientras que los que han pasado cierto tiempo en el uso de una lengua
se han ido adaptando poco a poco.
En el
ámbito de los determinantes, hay que ofrecer especial atención a
las variaciones. Así, los sustantivos en singular que comienzan por
a tónica emplean determinantes como él, algún, un,
ningún... (el arma, un arma...). Si se interpone algún adjetivo o
construcción entre el determinante y el sustantivo en cuestión, el
artículo recupera su carácter femenino (un vieja arma/
una vieja arma). El plural no varía, por lo que sigue siendo de
género femenino (las armas). Sin embargo,e xisten algunas
excepciones, como la hacha, la a...
Otros
fenómenos, dignos de estudio, es la transformación de los
pronombres personales de tercera persona en lo que se conoce como
laísmo (uso de los pronombres la/las para el objeto indirecto
femenino [*A ella la regalaría la luna si me la pidiera*]),
leísmo (uso de los pronombres le/les para el objeto directo [*El
coche le metí en el garaje*] y loísmo (uso de los pronombres
lo/los para el objeto indirecto masculino [*A Paco lo pegaron
al salir del bar*]. Hay que tener mucha cuidado a la hora de utilizar
los pronombres personales para evitar estos fenómenos tan extendidos
y comunes.
3.
Cuestiones normativas referidas al verbo y al sintagma verbal.
A la
hora de realizar un estudio de la construcción verbal, es necesario
centrarse en los casos excepcionales por su no funcionamiento
mediante las reglas comunes. Por ejemplo, hallamos el caso del uso de
la forma condicional para expresar rumores (“Según numerosas
fuentes, el presidente del Gobierno cobraría un sobresueldo en
contabilidad B”). Otra forma verbal utilizada mediátiamente más
allá de sus funciones principales es el infinitivo fatico o
radiofónico, que no depende del verbo principal, y que se usa mucho
en medios audiovisuales (“Por último, recordales que mañana
emitiremos aquí a la misma hora”.). Hay que expresar especial
atención también a los verbos intransitivos que muchas veces son
utilizados de forma incorrecto al emplearlos de forma transitiva
(cesar, quedar, callar...). Por ejemplo, la forma “A esa mujer no
hay quien la calle” sería incorrecta al tratar el verbo callar
como una forma transitiva. La oración correcta sería “A esa mujer
no hay quien la haga callar”. Sin embargo, existen ciertos verbos
que funcionan en varios regímenes correctos, de manera que pueden
actuar en las formas anteriormente explicadas. Así, se puede
advertir algo, se puede advertir a alguien o se puede
advertir algo a alguien, de la misma manera que se puede dudar
algo o dudar de algo.
4.
Uso de la preposición, el adverbio o la conjunción
Dentro
de este marco es necesario e interesante estudiar una serie de
fenómenos determinados. Así, podemos indagar en los calcos. Son
tipos especiales de préstamos que no imita la entidad fonética
material (significante) del modelo extranjero, sino el esquema o
construcción morfológica y la significación. Provenientes del
gallego (galicismo) son las construcciones “sustantivo + a+
(articulo) + sustantivo”, la secuencia muy utilizada “es por eso
que” y similares. Del inglés (anglicismos) adaptamos la
utilización temporal de “en” en lugar de “dentro de” y el
empleo de “hacia” en lugar de “para con”, “ante” o “con”.
Otro fenómeno de interés es el dequeísmo, consistente en la
utilización de la forma “de que” en las oraciones subordinadas
sustantivas cuando la preposición no está justificada en ellas
desde el punto de vista gramatical (“Creo de que..”, “Pienso de
que...”). El dequeismo no se suele producir, sin embargo, cuando el
complemento es un pronombre o en oraciones interrogativas. También
podemos hallar el fenómeno del queismo, que se trata de la supresión
indebida de la preposición que precede a la conjunción “que”.
Equivaldría al fenómeno contrario al anterior. Sin embargo, no se
suele producir cuando el complemento es un pronombre o en oraciones
interrogativas. La coordinación es otro de los casos que se dan
frecuentemente en el lenguaje mediática. En ocasiones puede
componerse por construcciones del mismo régimen preposicional. A
veces, en cambio, se unen erróneamente formas que emplean un
distinto régimen preposicional, como en el caso de “entrar y salir
de” en lugar de “entrar en y salir de”.
Otro
asunto de igual importancia a tratar en el lenguaje de los medios son
los adverbios locativos (como delante/adelante, fuera/afuera,
detrás/atrás). La diferencia entre las parejas de formas
expuestas es simple. Adverbios como delante, fuera y detrás indica
una posición establecida (“El televisor está delante del
sofá”, “El árbol está fuera, en el patio” “El
espejo estaba detrás de mí”). Sin embargo, formas como
adelante, afuera y atrás indica una serie de movimiento o dirección.
(“Me moví para adelante”, “Vuelve atrás”, “Ve
afuera”). Los adverbios del primer tipo pueden llevar
complementos. La norma recomienda, además, que el complemento no sea
sustituido por un posesivo.
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