lunes, 18 de marzo de 2013

TEMA 1: EL LENGUAJE Y LA COMUNICACIÓN.

La facultad humana del lenguaje.
Entendemos lengua como conjunto de signos lingüísticos –vocálicos y convencionales- que utilizan los seres humanos para comunicarse, mientras que la capacidad para comunicarse a través de ella es lo que llamamos lenguaje. Toda lengua es un comportamiento voluntario, vocálico, no espontáneo –convencional: surge de un acuerdo o convención entre los hablantes- y forma un sistema. Por otra parte, toda comunidad tiene una lengua, con rasgos que la diferencian de la lengua de otras comunidades y con rasgos generales comunes. Cabe mencionar tres rasgos que tiene en común toda lengua por el hecho de ser un sistema comunicativo: toda persona por el hecho de vivir dentro de una comunidad (asunto al que haremos referencia al analizar los casos de los “niños salvajes”) aprende una lengua –lengua materna-; no podemos hablar de lenguas más perfectas que otras –cada lengua es perfecta para sus hablantes pues satisface sus necesidades comunicativas-, ni de lenguas más civilizadas que otras, ya que las lenguas no son civilizadas si no las personas; en un principio, la lengua natural es la hablada pues la escritura no ha estado presente a lo largo de toda la historia y existen muchas lenguas que carecen de escritura –es el caso de muchas lenguas indígenas de América-. El sistema vocálico convencional que utiliza cada comunidad es lo que se entiende por lengua natural. Sobre estas lenguas naturales se han creado sistemas artificiales como son la escritura, las gramáticas...


El lenguaje y el cerebro.
La lengua es una actividad o comportamiento humano que es posible gracias al cerebro, más concretamente, a un determinado mecanismo cerebral. De modo que entendemos por lengua la gramática, el comportamiento lingüístico –frases que hablo de dicha lengua- y las grabaciones de las frases anteriores. La lengua en sí reside en el cerebro de los hablantes pues el mecanismo lingüístico vive allí y podemos conocerlo a través de distintos métodos: a través del estudio de las producciones lingüísticas de los hablantes o de ciertos enfermos cerebrales, así como a través del estudio de la adquisición del lenguaje por parte de niños, estudiando la parte cerebral que se activa en toda producción lingüística a través de medios técnicos como las ecografías, o llevando a cabo pruebas psicológicas específicas.
Con el estudio de las producciones lingüísticas podemos deducir la estructura del sistema que permite tales producciones pues no podemos observarlo directamente; esta actividad es llevada a cabo por múltiples ramas dedicadas al estudio de la lengua y de su producción. Por otra parte, al analizar la adquisición del lenguaje por parte de los niños, la localización de ciertas funciones cerebrales o la realización de ciertos experimentos psicológicos, se intenta conocer que partes del cerebro intervienen y cómo funcionan. Tarea complicada como la anterior, pues tampoco puede ser observada directamente. Actualmente, los neurólogos solo han podido demostrar la parte del cerebro que entra en actividad en momentos concretos, dicha zona se encuentra en el lado izquierdo del cerebro. Este hecho fue descubierto por el médico francés Broca en 1861, cuando estudiaba el cadáver de un afásico, pues dichos enfermos tienen problemas a la hora de comunicarse debido a que tienen dañada la parte anteriormente señalada del cerebro.


Las lenguas maternas como sistema de comunicación.
La compleja vida social actual, así como el conjunto de relaciones sociales intrínsecas a ella, solo son posibles gracias a la complejidad de la lengua como sistema comunicativo. Existen múltiples disciplinas centradas en su estudio: la semiótica –ciencia de los signos en los sistemas comunicativos-; dentro de ésta encontramos entonces la lingüística –estudio de las lenguas naturales-. La semiótica habla de que cualquier sistema de comunicación está basado en los signos, dentro de los cuales se establece una distinción entre las señales informativas y las señales comunicativas y según la relación con el objeto, encontramos: signos icónicos - funcionan de acuerdo con el principio de semejanza y en ellos pueden incluirse toda clase de imágenes, dibujos, pinturas, fotografías o esculturas-; índices - signo en el que se aprecia una conexión entre significante y objeto: “El índice está conectado físicamente con su objeto; hacen un par orgánico” (Pierce, Charles S.); y símbolos –los más arbitrarios de todos, no se da una relación natural y directa entre el símbolo y la realidad designada-. El signo lingüístico está formado por signos verbales, tiene carácter simbólico y consta de significante –forma- y de significado –contenido-.

Características de las lenguas naturales como sistemas de signos.
En primer lugar, el canal auditivo y vocálico del significante hace que las palabras sean efímeras –se extingan rápidamente en el tiempo-; que el significante se transmita de forma multidireccional; que se produzca un rápido intercambio de papeles entre el emisor y el receptor;  y que se dé una retroalimentación simultánea a la transmisión –ya que el hablante es consciente de lo que dice mientras habla-.
En segundo lugar, en virtud del usuario, la lengua es de transmisión cultural –todo individuo que vive dentro de una comunidad adquiere una lengua materna-; toda lengua puede aprenderse -aunque no sea la lengua materna del hablante-;  y toda lengua es creativa –a partir de unos signos limitados se pueden crear infinidad de mensajes nuevos-.
En tercer lugar, según la estructura semántica de la lengua, toda lengua posee la capacidad de desplazamiento –temporal-; es arbitraria; puedo engañar a través de ella y el signo lingüístico no pierde su naturaleza al pasar de oral a escrito o a gestual –es lo que se entiende por transposición del significante-.
Por otra parte, según la organización de sus unidades, toda lengua natural tiene doble articulación -fonemas carentes de significación y lexemas y morfemas, signos con significado; desarrollo lineal; son discretas; cumple los principios de recursividad y productividad –las lenguas siempre están abiertas a la creación, a la construcción-; y son especializadas –gasto energético mínimo desde el punto de vista biológico-.
Por último, en relación con los otros sistemas de signos, toda lengua natural puede explicar cualquier sistema de signos y tiene capacidad metalingüística –puede hablar sobre ella misma, sobre la propia lengua, puede explicarse a sí misma-.
Lenguaje humano y lenguaje animal.
Todo ser vivo tiene un sistema de comunicación. Sin embargo, existen múltiples diferencias entre la comunicación que llevan a cabo los hombres y la llevada a cabo por los animales. Se trata de un tema polémico con diversas opiniones, aunque se ha llegado a la conclusión de que la lengua humana necesita de una serie de requisitos biológicos –posición erecta, desarrollo cerebral, disposición especial de los órganos de fonación...-, si bien es cierto que no se conoce aún el origen del lenguaje, de la capacidad lingüística de las personas.


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