lunes, 18 de marzo de 2013

Reflexión acerca de la lengua estándar.



Como hemos estudiado la lengua es el conjunto de normas y signos lingüísticos a partir de los cuales una comunidad de hablantes se comunica; y toda lengua implica cambio y variedad. Cada individuo lleva a cabo un uso individual y propio de ésta, es lo que denominamos idiolecto. Existen múltiples variedades de una misma lengua que se atribuyen al lugar de habla –variedades diatópicas o también llamados dialectos-, al nivel sociocultural o de instrucción del hablante -variedades diastráticas-, a los cambios que experimente dicha lengua a lo largo del tiempo -variedades diacrónicas- o al contexto o situación comunicativas –registros-.
Pero, si se da tanta diversidad de lenguas y dentro de una misma lengua, ¿qué es la lengua estándar y por qué es necesaria? Según Juan Carlos Moreno Cabrero entenderíamos lengua estándar como el modelo de una lengua que tienen todos los hablantes de una lengua y que tratan de alcanzar y se identificaría con la lengua recogida en la escritura, desde siempre considerada más culta que la de tradición exclusivamente oral. Este modelo es útil y necesario pues permite una unificación, una “unión de manos”, de las diferentes variedades que surgen de una misma lengua y evita la disgregación más absoluta de ésta y, por tanto, de sus hablantes. Es lo que permite que hablantes del catalán, del gallego, del castellano, del colombiano... tengan una lengua común.
Por tanto, “la lengua estándar es el código común que hace posible que todos los hablantes, por encima de registros o variedades lingüísticas particulares, puedan comunicarse entre sí. Se trata de una amplia zona de la lengua en la que caben todos los usos sometidos a la norma, con la única excepción de la lengua vulgar y la lengua literaria (la primera, realizada contra la norma por desconocimiento; la segunda, contraria a la norma por un deliberado propósito creativo)”.

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